Actividad económica y empresarial

Galería del HotelDe acuerdo con la escritura de partición de bienes, que se formaliza el 28 de octubre de 1871, Julio Quesada recibe íntegro de sus padres el término municipal de Láchar (Granada), incluida la iglesia parroquial, numerosas fincas rústicas y urbanas en Colomera, Moclín y Benalúa, en la provincia de Granada, y algunas más en Baeza (Jaén), Provencio y San Clemente (Cuenca), Aranjuez (Madrid) y numerosas fincas urbanas en Granada capital.

De todas estas propiedades, la de Láchar resulta ser la más preciada para Julio Quesada, de la que vivió realmente y la que conservó hasta su muerte; en ella construyó su castillo, de estilo "alhambreño" y allí recibió repetidas veces a las más altas autoridades del Estado y del Gobierno. El rey Alfonso XII había acudido allí varias veces y su hijo, Alfonso XIII estuvo en diez ocasiones (1904, 1906, 1908 dos veces, 1910, 1912, 1913, 1915, 1916 y 1917) participando en notorias cacerías. La amistad del duque con el rey Alfonso XII había sido íntima desde la infancia de ambos y hasta la dictadura de Primo de Rivera, al menos, guardó también con su hijo una estrecha relación, tanta como para que en 1905 le nombrara duque de San Pedro de Galatino con Grandeza de España.

Empresarialmente, Julio Quesada erigió una fábrica de azúcar en Láchar, promovió la construcción del ferrocarril de vía estrecha de Illora a Láchar, otra fábrica azucarera con los hermanos Rodríguez-Acosta en Aranjuez, construyó el hotel Alhambra Palace, inaugurado con la presencia de rey en 1910, igual hizo con el hotel Sierra Nevada, promovió la constitución de la sociedad que construyó el tranvía de la Sierra de la que fue presidente y principal accionista y la sociedad eléctrica San Pedro de Maitena y explotó la cantera de serpentina del barranco de San Juan, actividades con las que ganó justa fama de ser uno de los hombres más emprendedores de Granada.

Respecto de su situación familiar, se sabe que antes de 1881 había contraído matrimonio con María de la Concepción Miró, de quien enviudó antes de 1900; el 24 de septiembre de 1922 contrajo segundas nupcias con Fernanda Salabert y Arteaga, Marquesa de Valdeolmos y viuda del Conde de Villagonzalo, que le sobrevivió hasta 1945 y cuyos restos reponsan junto a los de su marido en la Catedral de Granada; en ninguno de sus dos matrimonios el Duque de San Pedro de Galatino tuvo descendencia; sus títulos pasaron a los descendientes de su hermana María Angustias; la mayor parte de lo que quedaba de su fortuna, a su esposa y a través de ella a los hijos de una hermana de la misma.

Literariamente, además de sus memorias de juventud y de exilio antes citadas, de entre los años 1867 y 1875, Julio Quesada es autor de un libro titulado Boabdil, que publicó en Granada en 1925 con el subtítulo "Granada y la Alhambra hasta el siglo XVI".

La fabricación de azúcar, la electricidad, las comunicaciones y el turismo son los ámbitos donde empresarialmente se mueve Julio Quesada. El término municipal de Láchar, con una magnífica vega regada por el Genil, a poco más de diez kilómetros de la ciudad de Granada e íntegramente de su propiedad, era un lugar favorable para que allí se iniciara pronto el cultivo de la remolacha y la fabricación de azúcar, en la que Granada fue pionera en España. Comenzó ésta de la mano de dos profesionales-empresarios: el farmacéutico Juan López Rubio y el médico Juan Creus quienes sembraron sus fincas de Cúllar Vega y de Albolote con la nueva semilla y el 6 de abril iniciaron la construcción de la primera fábrica de azúcar de remolacha que existió en España, a cuatro kilómetros de Granada, la fábrica de San Juan.

Los rendimientos obtenidos fueron suficientes para convencer a otros inversores y agricultores de las excelentes perspectivas del nuevo producto y pronto la vega de Granada vio levantarse las altas chimeneas de veinticinco fábricas situadas en su mayor parte en la vega de la capital, otras en las vegas del interior y ocho en la costa, con una capacidad excesiva para las posibilidades de producción de materia prima. Ese proceso, además, había tenido lugar también en otros puntos de España y fue el que posibilitó la creación en 1903 de la Sociedad General Azucarera Española que, con un capital de 145 millones de pesetas, compró 57 fábricas de azúcar repartidas por toda la geografía nacional. En Granada, de las 21 fábricas existentes en el momento de su constitución, adquirió 18: diez en la vega de Granada, seis en la costa y dos en el interior, valoradas en 50 millones de pesetas, con una capacidad total aproximada de 5.000 toneladas diarias de materia prima. Inmediatamente la General Azucarera cerró cinco de ellas, transformó en alcoholeras otras y mantuvo abiertas las que le resultaron de mayor interés.
     
Entre las que mantuvo durante algunos años en funcionamiento estaba la que el Conde de Benalúa había construido en Láchar en 1890, con una capacidad de 250/300 toneladas diarias de remolacha, que fue valorada en 2.624.370 pesetas; la fábrica se mantuvo abierta hasta 1914 pero sus instalaciones aún se conservan convertidas en granja y matadero industrial.

Restos del puente del Blanquillo en 1928A finales de 1898 Julio Quesada, en sociedad con los hermanos Rodríguez-Acosta, Jerónimo Palacios y el madrileño Ignacio de Peñalver y Zamora, habían iniciado la construcción de una nueva fábrica de azúcar en Aranjuez, donde las propiedades del primero garantizaban el suministro de remolacha. El capital de la sociedad, suscrito por cuartas partes, fue de un millón de pesetas, ampliado en doscientas cincuenta mil más que fueron suscritas por la banca Rodríguez-Acosta. Para su puesta en funcionamiento, se compró a la Sociedad Azucarera Larios una propiedad llamada "Casa Palacio de Salamanca", de 38.000 metros cuadrados, levantando en su interior el nuevo edificio de la fábrica cuya actividad se inició en la campaña de 1899 tras realizar unas inversiones totales que ascendieron a 1,46 millones de pesetas, que le daban una capacidad de 800 toneladas diarias de remolacha. También la fábrica Nuestra Señora de Lourdes de Aranjuez fue vendida a la General Azucarera en 6.958.900 pesetas, de los que 3 millones fueron satisfechos en efectivo y el resto en acciones de la General. Y aunque no estuviera ya vinculado al sector azucarero como promotor directo, sí lo estuvo como accionista de la General Azucarera, defendiendo los intereses de los azucareros desde su puesto de senador vitalicio.

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